Resulta evidente que cada uno de los pueblos que componen la geografía del tambor tiene unas peculiaridades que lo distinguen del resto. En este sentido, decir que Moratalla es diferente no constituye ninguna originalidad. Sin embargo, si analizamos objetivamente las circunstancias que rodean el toque del tambor en Moratalla, sí podemos afirmar que es el pueblo que ha conservado menos adulterada la tradición. Esta última afirmación podemos demostrarla en base a varios aspectos.

   tamborEl Tambor:   Aquí sigue siendo un instrumento puramente artesanal, que sólo saben construir determinadas y escasas personas especializadas. Para el moratallero, el tambor no constituye un elemento valioso por el precio de sus componentes, sino por el hecho de hacer coincidir el esfuerzo de varios meses de trabajo con el <> que supone la conjunción y asonancia de dichos componentes. Cuando un tamborista que se precie ha conseguido <> un buen tambor, no lo cambiará por nada del mundo, de ahí que lo cuide como algo único e insustituible. Muestra de nuestro carácter tradicional es que nuestros tambores no conocen el plástico y siguen utilizando una piel de oveja y otra de cabra, lo que supone, además de un laborioso proceso artesanal, una mayor fragilidad y, sobre todo, que cada una sea diferente y, además, no fácilmente reemplazable. Aunque se ha impuesto el uso de los tornillos, es cierto que están reapareciendo tambores de cordel que parecían condenados a la desaparición. Bienvenidos sean. Por tanto, si eres forastero, piensa que un buen tambor es solo más valioso para un tamborista. Si, por otra parte, quieres comprar uno, no lo puedes adquirir en ninguna tienda sino en casa de un artesano y <<encargándolo>> con varios meses de antelación puesto que no se fabrican en serie, sino personalizados.

 

   mujer tamborLos Protagonistas:    Las diferencias del que toca el tambor en Moratalla empiezan por el propio nombre, ya que aquí somos tamboristas en vez de tamborileros. Por otra parte, aunque se está incorporando tímidamente la mujer, lo cierto es que el tambor lo toca mayoritariamente el hombre porque la mujer se auto-excluye por el enorme esfuerzo que supone. No obstante, para los forasteros, diremos que el moratallero no es machista en este sentido, la mujer puede tocar lo que quiera sin que nadie se lo impida, de hecho hay mujeres que tocan estupendamente e incluso las hay que nos han representado muy dignamente en las Jornadas Nacionales. Esperemos que esta integración de la mujer tamborista sea cada vez mayor. Otra particularidad la constituyen los nazarenos que no van tocando el tambor y que, en ocasiones, superan a éstos en número. Se trata de amigos de una peña que acompañan a un tamborista y que esperan su relevo o, simplemente, de quienes se suman a la fiesta a su manera. También hay, aunque cada vez menos, quien aprovecha la ocasión para disfrazarse de la forma más extravagante, tocando o sin tocar. Esta costumbre parece tener su origen en la protesta de algunos nazarenos que se veían privados del tambor en épocas de intransigencia de la autoridad. Cuando sólo se tocaba Jueves y Viernes Santo, la tarde de este último día se denominaba <> porque era más propicia a esta práctica. Por último, diremos que también hay moratalleros que, en traje de calle, se colocan de pie en la acera de la calle Mayor simplemente para ver pasar a los tamboristas. Algunos de ellos fueron tamboristas expertos, por eso algunos nazarenos aprovechan para dedicarles sus mejores redobles esperando un gesto de aprobación.

 

  protagonistas2 La Túnica:  Quizá sean nuestras túnicas el elemento más singular de nuestra Semana Santa. Sabemos que impactan en los forasteros por su variedad y singularidad. Son totalmente arbitrarias e incluso se pretende que cada una sea diferente a las demás. Alguna peña hay, es cierto, que han salido con varias iguales últimamente, pero no es lo normal. Las hay de un solo color, de varios, estampadas, de retales o de remiendos, constituyendo un espectáculo multicolor y siempre cambiante.